Casi siempre

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Cómo no sentir lo que siento, si veo que caigo. Que caigo irremediablemente en sus brazos fríos. En sus brazos que me esperan para ocultarme, borrarme, disolverme.
Brazos trampa.
Brazos inertes.
Cómo no vaciarme cada noche, si merodea mi cama acechando, sonriendo.
Si tan sólo mostrándose, logra que desdibuje mis días buscando no verla, no sentirla como la siento.
Pero la siento.
La veo.
La huelo.
La escucho.
La señalo.
La encuentro.
La encuentro en cada tarde que se apaga, en cada sueño atormentado.
La encuentro en cada noticia criminal, en cada alusión al espanto.
La encuentro en cada cobardía, en cada amague de proeza, en cada repetida miseria, en cada agigantada mediocridad.
La encuentro y ella parece burlarse de mi miedo, mezclando mi alma con tan solo uno de sus lujuriosos dedos.
Con un solo dedo.
Con un dedo.
Con un dedo le basta y sobra para asesinarme, para mutilarme, afiebrarme, someterme.
Con un dedo le basta para jugar conmigo como si fuera una sombra.
Con un dedo ella me vence, me aplasta, me sumerge en ella misma,
casi siempre.
Sí, andá sabiendo muerte puta.
Mi pelea con vos,
es a muerte.

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