El hombre estaba listo

Tapa-Somos

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I

El hombre estaba listo.
Tomó una hoja y un lápiz,
cerró los ojos,
aspiró profundo y se preparó.
Fue escogiendo los recuerdos de a uno,
no quería equivocarse.
Los puso enfrente suyo,
los miró.
Los desvistió despacito,
sensualmente,
y fue quedando desnuda la experiencia,
esa cosa que nos dejan los recuerdos y los olvidos.
Aspiró otro poco y lo logró,

se emocionó.
Las raras sensaciones fueron apareciendo.
Esas,
que por no ser bautizadas,
se convierten en raras.
Amontonadas tras sus ojos,
no tardaron en transformarse en lágrimas.
Lágrimas,
las que no distinguen la alegría de la tristeza,
las que sólo se emocionan,
las que sólo viven.
Lágrimas,
fueron cayendo a montones sobre esa hoja,
destinada a palabras como éstas,
a signos,
que nunca podían haber contado mejor,
aquella emoción,
que esas lágrimas.
El hombre se dio cuenta,
y guardó aquella hoja como su mejor obra de arte.
El sabía que el arte no necesita de compases, colores o letras.
El sabía que el hombre los necesita para entender al arte.
El sabía que algunos entienden,
y por eso,
fue mojando con emocionados recuerdos otras hojas,
que repartió entre los suyos,
que no eran los que tenía más cerca, sino más adentro.
Entre ellos,
las lágrimas y las hojas cuentan miles de cosas.
Entre nosotros,
mi birome tradujo,
lo que me contaron sus lágrimas.

 

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