Estaba inspirado

Tapa-Somos

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Estaba inspirado.
El amor brotaba en arte,
transformado por su mente, y sus dedos.
Escribía a una velocidad tremenda,
como si lo sentido fuese a un tiempo mayor,
del posiblemente escrito.
Terminó con los cuadernos,
con todos.
No dejó hoja sin un pedazo de su vida,
y de su muerte.
Comenzó con las paredes y las cosas.
Cada rincón de su casa, cada espacio en blanco,
era llamado a formar parte de la vida con una palabra,
o una frase.
El techo, las puertas del placard,
las sillas, la puerta de calle.
La calle.
Comenzó por los cordones, las veredas,
los frentes.
Esa madrugada lo había conmovido.
Esa luz, ese aire,
o quizás el recuerdo de miles de madrugadas antes.
Los techos de las casas, los carteles,
los vidrios, los autos.
Los edificios y los parques.
Las palabras se sucedían,
las sensaciones se multiplicaban.
Como en cámara rápida,
la vida era escrita
en frases que contenían siglos.
Terminó junto al río,
y hasta en él trató de escribir,
pero fue imposible.
Lo etéreo necesita de lo sólido para manifestarse,
como la vida a la carne.
Cuando la gente se levantó
pudo ver las respuestas a todo escritas en todas partes.
Pero no todos ven algo,
y la mayoría vio nada.
El siguió.
Su deseo superó a la desilusión
que casi lo acorrala.
Y fue enredando de vida todo lugar por el que pasaba,
esperando que alguien lea,
que alguien piense,
que alguien viva.
El espera y escribe,
escribe y ama.
Yo,
leí de él,
unas palabras.

 

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