Estallo

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Y yo me canso.
Me canso de seguir el mismo caminito.
Hormiga obediente,
alineada,
pareja.
Hormiga estiércol.

Y me canso y me rebelo.
Y por ahí,
mi rebelión es boludeces,
es tiempo al pedo.
Es, a tus ojos de ilustrada,
horas perdidas,
días muertos.

¡Pero me canso!
¡Qué querés!
¡Me canso!
¡E intento no morir en el intento!

¡Y te quiero!
¡Te quiero mucho!
¡Te quiero todo!
Te quiero tanto que no puedo
con todo lo que te quiero.
Y los quiero,
y me quiero,
y los amo.

¡Pero me canso!

Me canso y me aburro,
me canso y me insomnio,
me canso y ni bostezo
porque es todo cansancio.

Y entonces,
cuando me canso y me ensolomnio,
cuando me canso y me enduermo,
cuando me canso y me entierro,
necesito desesperadamente
un golpe justo en el centro de mi cansancio.

Una patada en los dientes de mi abulia,
una trompada en la mejilla de mi insistencia,
un mordisco en los huevos de mi cobardía.

Y junto el poco coraje,
el todo abandono,
el mucho letargo.
Y pateo el tablero de mi rutina,
buscando despedazar mi enorme cansancio.
Desguazar la miseria repetida,
la enorme cobardía del ir aceptando.
La repetida constancia
de ser tan constante en el fracaso.

Y entonces,
tan sólo entonces,
cargado de ganas de dejar de germinar al pedo,
como el poroto en el vaso…

¡¡¡ESTALLO!!!

Estallo en copas prolongadas,
en confesiones repetidas,
en horas desveladas.

Estallo en sueños insomnes,
en miradas torpes de gestos,
en módico arrebato.

¡Estallo y vos te enojás!
Desconfiás,
descreés,
calumniás…

Estallo, y no te das cuenta
de que es por vos…
Que es por no perderte
que yo
¡ESTALLO!

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