Paranoico yo...
Yo le juro, le juro que no quería hacerle
nada. ¡Pero si sólo era un chiste! ¡Una jodita!
Él se pasaba todo el tiempo haciéndome joditas, y
yo no sabía cómo defenderme. Nunca, nunca pude defenderme
de los que me atacan como acariciándome. Él venía,
¿no?, si me lo cruzaba en la calle, por ejemplo, venía
y apenas me veía, ya empezaba con esa risita. ¿Cómo
qué risita? ¡Esa! Esa risita así, como que casi
no se ríe, pero tampoco está serio. Una risita, chiquita,
pero no de timidez, ¿eh? No, de tímido no tenía
un pelo. Era como que se burlaba, o ni tanto, ¡qué
se yo! Pero era una risita a media agua que me ponía nervioso,
parecía que era para mí lo que le faltaba de risita.
Y después, si yo empezaba a contarle algo… ¡Algo!
¡Cualquier cosa!.. como para que vea que yo también
pensaba, que también tenía un universo dentro mío
que él no conocía, que no era él solo el gran
luchador de pobres y ausentes; apenas habría mi boca buscando
hilvanar dos palabras, él se acariciaba la barbita. Sí,
la barbita. Esos pelos que le caían de la cara como dibujo
japonés, esas rayitas que él se acariciaba todo el
tiempo. Era como que uno no sabía si se acariciaba para hacer
algo mientras oía, o para no oír del todo. Pero él
se acariciaba, siempre. Y la caricia de la barbita, y la sonrisa
a media agua, y las pocas respuestas…. ¡Parecía
como que me estaba jodiendo! ¿Usted escucharía a alguien
así riéndose, y acariciándose la barbita?
Sí, ya sé que no tiene barbita, pero ¿y si
tuviera?
Y bueno, siempre hacía eso, y cosas por el estilo. Decía
que sí-nos-juntamos y no venía. O decía que
sí-qué-bueno, y nada, después él no
hacía nada.
Cuando yo le decía que eso me molestaba, ¡y eso que
se lo decía jodiendo, eh! ¡riéndome!, me decía
que era paranoico. ¡Ja! ¡Paranoico! ¡Encima la
culpa era mía! Era yo como un enfermito por querer charlar
más en serio, por esperar respuestas. ¡Paranoico yo!
Pero bueno, a todo eso no le di mucha bola. Bah, sí…
un poco… algunos meses... Pero nada más.
Pero lo que más me dolió, fue lo del mail. Sí,
un mail que le mandé. Bah, le mandé un montón,
con ideas, con ganas de hablar. Se me ocurrió que si le escribía
por ahí podíamos profundizar un poco más la
charla, porque como cuando él me hablaba así con la
sonrisita y la barbita yo me distraía… ¡qué
se yo! ¡Por escribirle! ¿Acaso hay que tener excusas
para escribirle a alguien? ¿Acaso es mucho pedir que le contesten
a uno hoy en día? ¿Acaso por eso también soy
paranoico? ¡¿Por esperar respuestas?!
Sonrisita… Ni una palabra me contestó. Ninguna. Y me
juré ni escribirle nunca más, ¡que se pudra!
Entonces me lo crucé.
Sí, ese día me lo crucé sin querer, y apenas
me vio, empezó a reírse de nuevo, así poquito.
Venía caminando hacia mí y ya se le caía la
risita. Yo no me aguanté mucho, y enseguida le escupí
lo de los mails, y entonces, acomodándose la barbita me dijo:
sí, quédese tranquilo… leer los leo. Pero no
le contesto porque me muero de risa pensando las cosas que se imaginará,
elucubrando por qué no le contesto… y se rió
a carcajadas. ¡Sí! ¡A carcajadas!, largando una
risa explosiva y soltando hasta la barbita de la mano, buscando
más aire para reírse como nunca, en mi propia cara.
Fue mucho. Yo soy así, ¿vio?, y eso fue mucho.
Le apreté el cuello ahí nomás, con las dos
manos. ¡Era una joda! En serio, ¡una joda! Va, eso pensé
al principio. ¡Pensé en hacerle la joda de que lo ahorcaba!
Pero lo vi ahí, mirándome, por primera vez mirándome
en serio, a los ojos, sin risita, sin la más chiquita de
las risitas posibles, que no pude aflojar. Y apreté más,
así sin pensarlo, apreté otro poquito, mientras ahora
lo veía patalear y buscar con sus bracitos aflojar mis manos.
¡jajaja! ¡Me vas a aflojar las manos a mí!, pensé
mientras me reía.
Porque sí, ahora me reía yo, ¿vio? así,
poquito, como casi sin reírme. Me reía despacito,
respirando tranquilo, mientras él abría los ojos más
grandes que nunca, grandes, buscando desesperadamente el aire que
estaba ahí nomás, y que no podía respirar.
¡Ja! Ahora me reía yo, así como más inteligente,
y lo tenía ahí quietito, mirándome, mirándome
en serio, al fin prestándome atención.
Paranoico yo,
la puta que te parió…