Una piedra

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A mi hijo Joaquín

Me trajiste una piedrita
como una ofrenda.
Y tus ojos eran dos luces,
y tu cara una gran fiesta.

¡Mirá papi, mirá!
Me gritaste a media lengua.
Y estirando tus manitos
me invitaste a recorrerla.

Descubrimos una casa,
una pelota y una oreja.
Un monstruo con un solo ojo,
un barco ya sin velas.

Le pintamos una boca,
nariz, ojos y cejas.
Y nos reímos del loco
que nos mostraba esa piedra.

Me trajiste un gran tesoro
entre tus manos, como una ofrenda.
Un ratito de ilusión,
tiempo de magia, poesía nueva.

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